viernes, 13 de enero de 2012

Neurotrasmisión Colinérgica y Aprendizaje


El término “colinérgico” se usa para designar las neuronas y sus vías de proyección, que sintetizan y liberan acetilcolina (Ac) como neurotrasmisor.
La Ac está ampliamente distribuida en el sistema nervioso y, probablemente, tiene un papel importante en el desarrollo de la corteza cerebral y en la actividad cortical al controlar el flujo sanguíneo cerebral y el ciclo vigilia-sueño, así como también en la modulación de los procesos de aprendizaje y memorización.
Se ha propuesto que la pérdida importante de las neuronas colinérgicas del complejo colinérgico basal anterior demostrada en la Enfermedad de Alzheimer, y en menor grado durante el envejecimiento normal, podría ser, parcialmente, la causa del déficit cognitivo observada.
Debido a que las vías colinérgicas inervan todas las áreas corticales, pueden potencialmente, influir en los aspectos relacionados con la conducta y el proceso cognitivo. De igual forma, la alta intervención colinérgica de áreas límbicas, como el hipocampo y la amígdala, sugiere que estas vías son particularmente críticas en el proceso de memorización.

Referencia
Mohamad, H., Villasmil, S y Espinoza, J. (2011). La Enfermedad de Alzheimer. México: Trillas.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

martes, 3 de enero de 2012

El Inconsciente Emocional y la Plasticidad Sináptica



Joseph LeDoux nos dice que conocemos todas nuestras emociones: el miedo, la ira, el placer, la alegría, etc. Podríamos describirlas a todas, hablar de ellas. Decir que es lo agradable o lo penoso. Pero las emociones implican más de lo que experimentamos, un verdadero “inconsciente personal” explica una gran parte de sus acciones. No existe un único sistema para regular nuestras emociones, sino varios; uno por cada una de ellas.
Un sistema emocional es una herramienta de supervivencia; desarrollada en nuestro cerebro en el transcurso de la evolución, es esencial para la satisfacción de nuestras necesidades vitales. La amígdala, una estructura situada en el área prefrontal de cada lado del cerebro, coordina todo el sistema que activa las reacciones de miedo en este órgano. La amígdala recibe información de nuestras aéreas sensoriales y reacciona en función de las mismas. Se comunica con el hipocampo, una de las zonas claves de la memoria de los contextos, que a su vez la influencia. Cuando el entorno se vuelve peligroso, la amígdala genera reacciones corporales de defensa, gracias a sus conexiones de salida. Por último, las deja lista en las capas superiores del cerebro, para reaccionar cuando se necesite.
LeDoux puso en evidencia esas propiedades y aunque no es el pionero de los estudios sobre las emociones, denunció su principal error: creer que existía un “sistema límbico” responsable de todas las emociones. También sacó a la luz el hecho de que, para que las emociones nos sean útiles, nos hace falta una memoria emocional.
Por lo tanto, los disfuncionamientos son posibles: cuando la amígdala se activa en contextos inadecuados, las ansiedades, fobias y miedos irracionales invaden lo cotidiano. Si la amígdala se pone en funcionamiento, un simple vértigo a las alturas puede degenerar en fobia al avión.
Existen otros sistemas además del relacionado con el miedo: para otras emociones (en particular el amor, cuyo circuito implica otros núcleos diferentes de la amígdala); para crear y reavivar los recuerdos (en este caso la estructura indispensable es el hipocampo, situado en el centro del cerebro; para comprender y hablar un idioma; etc.
Nuestro cerebro se compone de células muy especiales: las neuronas. Éstas pueden recibir y emitir señales, por vías químicas y eléctricas; así las neuronas se comunican entre sí y forman redes muy complejas, las sinapsis. Pero esas redes no están organizadas al azar, son la materia prima de nuestro cerebro y de estructuras tales como la amígdala. Nuestras sinapsis son plásticas, es decir, maleables; son capaces de cambiar con el paso del tiempo y de unir más o menos las neuronas entre sí. Las sinapsis se modifican en función de las informaciones recibidas por las neuronas y de las consecuencias de nuestras acciones. Entonces se haba de plasticidad sináptica. Dicho de otra manera, si nuestro cerebro puede aprender y transformarse, es por ese mecanismo biológico.
La manera en que funcionan las sinapsis está determinada, en parte, por nuestros genes. Por lo tanto, las uniones de neuronas también son, indirectamente, producto genético. Nuestro entorno hace el resto, provee las señales exteriores que van a regular la plasticidad sináptica.

Referencia
Meyer, C. (2010). Los Nuevos Psi. Buenos Aires: Sudamericana.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

viernes, 16 de diciembre de 2011

Lo Inconsciente Personal y Colectivo en los Alebrijes




Los sueños y el arte son tal vez las puertas de entradas más directas al inconsciente, tanto personal como colectivo. Así también hay momentos en que estos dos lenguajes se unen o bien en una persona o en un colectivo, dándose en ello historias paralelas, como sucede en el caso de los Alebrijes.
Pedro Linares López, cartonero mexicano, a la edad de 30 años y producto de una enfermedad quedo sumido en un profundo sueño donde entro en contacto con el mundo de lo inconsciente. Sin acceso a médicos que pudieran tratar su enfermedad, sus hermanas, con remedios caseros trataron de hacer que reaccionara sin tener éxito, al final no podían hacer nada más que rezar y encomendarse a los santos por la salud de su hermano. En cama e inconsciente, Pedro soñaba con un lugar extraño e interesante, muy apacible; algo así como un bosque donde había árboles, rocas y animales; podía ver las nubes y el cielo de aquél mágico escenario. Él decía que todo estaba en calma, que no sentía dolor y estaba feliz de estar caminando en ese lugar, pero de repente, las rocas, las nubes y los animales se convirtieron en criaturas extrañas, eran animales que no podía distinguir ya que eran de una naturaleza muy extraña. Don Pedro vio un burro con alas, un gallo con cuernos de toro, un león con cabeza de perro. Todos estos animales gritaban una sola palabra: "Alebrijes", gritaban más y más fuerte: “¡Alebrijes, Alebrijes, Alebrijes!” o si se quiere “¡despierta, despierta, despierta!” en una acción de su inconsciente para sacarlo de su estado de letargo a través de imágenes impactantes que tuvieran este efecto. Existen ciertas experiencias que demuestran los efectos del inconsciente colectivo más claramente que otras. La experiencia de amor a primera vista, el deja vu (el sentimiento de haber estado anteriormente en la misma situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos símbolos y significados de algunos mitos, se pueden considerar como una conjunción súbita de la realidad externa e interna del inconsciente colectivo. Otros ejemplos que ilustran con más amplitud la influencia del inconsciente colectivo son las experiencias creativas compartidas por los artistas y músicos del mundo en todos los tiempos, o las experiencias espirituales de la mística de todas las religiones, o los paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos de hadas y la literatura.
Pedro siguió su camino en aquél fantástico sueño y al recorrer un camino de piedras vio a un hombre caminando tranquilamente y le pidió ayuda para salir de aquel lugar. El hombre le dijo que él no debía estar en ese lugar todavía y que tenía que caminar más adelante, a unos cuantos metros había una salida. Así la fuerza y la claridad interior que necesita el ego para tomar una decisión tal, viene producida secretamente por el Gran Hombre que, aparentemente, no desea revelarse con demasiada claridad. Puede ser que el «sí-mismo» desee que el ego elija libremente o puede que el «sí-mismo» dependa de la consciencia humana y de sus decisiones para ayudarle a hacerse manifiesto. Pedro corrió y corrió hasta estar frente a una ventana estrecha, por la cual apenas pudo escabullirse y en ese momento despertó. En medio de su propio velorio se levantó repentinamente, se escuchó una expresión de asombro entre rezos y exclamaciones al verlo reaccionar de lo que parecía su muerte. Después de ese momento y Pedro ya totalmente recuperado, empezó a recordar su sueño y quería que su familia y todas las personas conocieran a esos animales fantásticos.
Así los Alebrijes emergieron del mundo de lo inconsciente, convirtiéndose en una artesanía mexicana inventada en el mundo de lo consciente por el mencionado Don Pedro Linares López en 1936 en México D.F. y quien siguió trabajando en la confección de estos míticos animales hasta un día antes de su muerte, el 26 de Enero de 1992 a la edad de 86 años.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los Años Venideros – La Senectud


El superar los 50 años implica una serie de cambios físicos, psicológicos y socioculturales relacionados con cambios en todos los órganos, incluyendo el cerebro. Con el paso del tiempo, empieza una serie de modificaciones cognitivas que involucran la memoria, el lenguaje, la percepción y la atención. De igual forma se dan cambios emocionales. Al respecto existe la definición de “envejecimiento exitoso”, referida a personas de edad avanzada que presentan una ejecución apropiada en pruebas cognoscitivas, pero más importante llevan una vida relativamente normal. Por el contrario, quienes presentan una caída acelerada en sus habilidades cognoscitivas llegarán a presentar una demencia de tipo Alzheimer (DTA). De hecho, las diferencias entre el envejecimiento normal y la DTA son más cuantitativas que cualitativas. En esta última, los cambios cognoscitivos ligados al envejecimiento aumentan en términos patológicos.
En relación a la percepción, la agudeza visual y auditiva disminuyen, hipermetropía, cataratas e hipoacusia se hacen presentes. Se han señalado también dificultades en la exploración visual. Hay problemas para integrar la información visual, y se necesita más tiempo para reconocer e integrar estímulos, por lo que la velocidad perceptual se ve disminuida y hay lentificación de las respuestas. El olfato y el gusto no parecen cambiar mucho a través del tiempo, mientras que el tacto después de los 70 presenta una disminución en el reconocimiento táctil formal y en la discriminación de intensidades dolorosas.
Los años venideros se relacionan con una disminución en la capacidad de memoria y aprendizaje. Este deterioro es lento en el envejecimiento normal, pero acelerado en caso de demencia. Uno de los aspectos más sobresaliente es la dificultad para recordar hechos recientes, a pesar de describir con relativa facilidad eventos antiguos.
Con respecto al lenguaje es claro que las funciones lingüísticas se ven poco afectadas. Es común que la memoria semántica se conserve mientras la memoria episódica sufra un mayor deterioro.
Aunque el término “inteligencia” es discutible, podemos decir que la inteligencia cristalizada (es decir, la información general y el vocabulario) que permite expresar conocimientos previamente adquiridos se mantiene, mientras que la inteligencia fluida que nos permite utilizar la información actual para solucionar nuevos problemas se ve disminuida, así el joven aventaja al anciano en aquellas tareas y problemas requieren el uso versátil de la información actual, mientras que el anciano podrá recurrir a la experiencia y conocimientos previos para resolver problemas.
La flexibilidad cognoscitiva y la capacidad de formar conceptos no se deteriora sino a partir de los 70 años, en promedio. Esta capacidad suele asociarse con la función de los lóbulos frontales. Es interesante hacer notar que los ancianos con mayor nivel educativo presentan un mejor rendimiento que sus congéneres con niveles educativos más bajos.
En lo emocional la tendencia a la depresión constituye la alteración afectiva más frecuente. Los estados emocionales pueden afectar el funcionamiento cognoscitivo. Debemos decir que los cambios emocionales negativos están más vinculados a factores socioculturales. Así, por ejemplo, en culturas donde el envejecimiento se relaciona con aspectos positivos, como la adquisición de más experiencia (los sabios de la comunidad), los ancianos son más activos y tiene menos cambios emocionales.
Con la edad se registran cambios en el tamaño del cerebro. Al parecer, el volumen cerebral alcanza su pico máximo hacia los 20 años, para luego iniciar una caída lenta pero gradual. Algunas estructuras cerebrales resultan más afectadas que otras; por ejemplo, hacia los 40 años se ensanchan los surcos y hay dilatación ventricular.
Los déficit en la memoria se relacionan con pérdida de la plasticidad del sistema nervioso, atrofia cortical, arterioesclerosis, etc. En apariencia, las áreas cerebrales más susceptibles al envejecimiento son el hipocampo y los lóbulos frontales; por otro lado, otras áreas de la corteza, como los lóbulos occipitales, permanecen sin cambios. En general, el envejecimiento produce, además de muerte celular, cambios dentro de la célula, y también aparecen placas seniles y husos neurofibrilares. En el proceso de envejecimiento cerebral se reducen también las concentraciones de neurotransmisores tales como la acetilcolina, noradrenalina, serotonina y dopamina.

Referencia
Ardila, A y Rosselli, M. (2011). Neuropsicología Clínica. México: Manual Moderno.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

viernes, 9 de diciembre de 2011

El Hombre como Sujeto Operatorio

El concepto de sujeto operatorio sugiere «sujeción» a la realidad que media y «operación» entre y sobre unas y otras realidades (físico-corpóreas, ideas, conceptos, teorías). Porque es el cuerpo como un todo el que se mueve en el mundo (va de aquí para allá, hace esto y lo otro), es decir, el que opera en la realidad, etc., no el cerebro en el cráneo ni la mente pensando y procesando información. Si el sujeto humano se dedicara a pensar o procesar información no llegaría a homo faber.
En una escala evolutiva, sin la conducta de los organismos no se puede entender nada, incluyendo los mismos genes. Aun cuando los genes suponen el programa de vida de los organismos, la conducta es lo que mueve el mundo y así modifica y crea ambientes que pueden seleccionar los genes. Al final, los genes dependen de la conducta de los organismos que los ponen y pongan en juego y por lo demás el juego de la vida es tan contingente como necesario. Unos genes pueden ser seleccionados y otros no según el modo de vida y costumbres de los organismos.
El sujeto operatorio, sin dejar nunca de ser sujeto psicológico, con sus sentimientos, cogniciones, voliciones, es también dadas las circunstancias sujeto lógico, gnoseológico o trascendental, capaz de tratar de formas abstractas con y entre medias ideas generales, conceptos, entidades corpóreas, la materia física, etc. El sujeto operatorio se ofrece como alternativa al cerebro y a la mente. En este sentido el sujeto operatorio es un sujeto trascendental.

Referencia
Pérez, M. (2011). El Mito del Cerebro Creador. Cuerpo, Conducta y Cultura. Madrid: Alianza.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

martes, 29 de noviembre de 2011

Coconstructivismo Biocultural

El coconstructivismo biocultural puede verse como un caso de una ontología trigenérica cuyos géneros señalados son el cerebro, la conducta y la cultura. Por lo pronto, estas tres entidades responden respectivamente a M1 (cerebro), M2 (conducta) y M3 (cultura). Más importante que esta correspondencia, es la codeterminación mutua (más que meramente interacción) según se entienden las relaciones entre las tres unidades, como destaca su identificación precisamente como coconstructivismo.
La metáfora del coconstructivismo biocultural (cerebro-conducta-cultura) se opone tanto al reduccionismo biologicista como al culturalismo. La postura neurocientifica habría pasado por alto, de acuerdo con Baltes, que el cerebro también es variable dependiente, comoldeada por la conducta y la cultura. Al respecto Baltes y col (2006) dice que el cerebro, la conducta y la cultura constituyen un sistema de influencias recíprocas e interactivas, mecanismos y resultados, con que cada uno es afectado por el otro en el pasado, el presente y el futuro y en cada una de las mayores dimensiones del desarrollo humano -la evolución y la ontogenia.
Tres aspectos de esta perspectiva son de destacar. Uno es el entendimiento y estudio de que el desarrollo ontogenético implica cambios en las condiciones biológicas, conductuales y ambientales, tanto en un nivel molar (por ejemplo, orgánico, conductual, ambiental) como molecular (por ejemplo, genético, neuronal, cognitivo-perceptivo y estimular). Se entiende que la cultura (M3) ejerce influencias momento a momento sobre procesos moleculares a nivel genético, epigenético, neuronal, (M1), a través de actividades cognitivoconductuales, (M2), y de forma reciproca. Quiere decir que las fluctuaciones de la conducta y el ambiente tienen un reflejo en el cerebro y otros sistemas del organismo más o menos dependientes del cerebro (por ejemplo, el sistema cardiovascular, el digestivo y el inmunológico).
Otro aspecto de esta perspectiva se interesa en el concepto de «niveles de análisis» y diferentes formas de herencia: genética, epigenética, conductual y simbólica, de acuerdo con la evolución en cuatro dimensiones planteada por Eva Jablonka y Marion Lamb. Donde cada una de estas formas de herencia puede proporcionar variaciones sobre las que actúa la selección natural y algunas de ellas surgen en respuesta a condiciones evolutivas consistentes en cambios ambientales y formas de vida debidas a las conductas de los organismos.
Un tercer aspecto a señalar es la plasticidad cerebral, conforme el desarrollo del cerebro depende del aprendizaje y la experiencia. El coconstructivismo biocultural distingue tres tipo de plasticidad: neurobiológica (genético-neuronal-corporal), cognitivoconductual y sociocultural, todas ellas interrelacionadas a lo largo de la vida.

Referencia
Pérez, M. (2011). El Mito del Cerebro Creador. Cuerpo, conducta y cultura. Madrid: Alianza.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La Psique y el Alma en los Antiguos Griegos

El término psyché, o psique en castellano, es muy antiguo, ya Homero (siglo VIII a.C.) habla de psyché solamente en los momentos en los que el hombre pierde el sentido o está a punto de morir, y, en particular, cuando pasa a la otra vida. El alma homérica sale de la boca con el último suspiro, o bien de la herida mortal del cuerpo, y se va volando al Hades, donde permanece como imagen o como sombra vana del difunto en estado de inconsciencia. Homero considera como verdadero hombre justamente el cuerpo del hombre, en contraposición a una psyché que es su sombra.
En la doctrina órfica, siglo VI a.C., la psyché es un demon que se esconde en el hombre y que ha caído en el cuerpo para expiar una culpa. El alma, en cuanto es precisamente de origen divino, no sólo preexiste sino que sobrevive al cuerpo, y sr distingue del mismo como algo totalmente diferente. De este modo, nace la contraposición de alma y cuerpo que da a la vida un significado totalmente distinto del que expresaban los poemas homéricos. En efecto, el alma de los órficos sigue aún totalmente separada de la inteligencia y de la consciencia, y, en cierto aspecto, en antítesis con ellas.
Los presocráticos (siglo VII a.C., hasta las últimas manifestaciones del pensamiento griego no influidas por el pensamiento de Sócrates) asociaron de varias maneras el alma con el principio eterno del cual derivan todas las cosas y, por tanto, también con la inteligencia.
Heráclito (535 - 484 a.C.) llama al alma del hombre vivo psyché; para él el hombre consta de alma y cuerpo, y el alma posee cualidades que se distinguen fundamentalmente de las del cuerpo y de los órganos corpóreos, queriendo expresar que el alma en contraposición al cuerpo, es algo ilimitado.
Sócrates (470 – 399 a.C.), en relación a sus predecesores, adquiere consciencia precisa y clara de que el alma es la actividad inteligente y moral del hombre, e invierte así no sólo la visión homérica, sino también la de los órficos, que consideraban que el alma manifiesta su actividad precisamente cuando lo que llamaríamos el yo “normal” de la vigilia está en suspenso –en sueños, visiones, trances. Es con Sócrates que tiene lugar la revolución del significado del término psiché, y tal revolución se impuso de manera decisiva precisamente por influencia suya: el hombre es su alma, y la tarea suprema del hombre consiste en el cuido del alma. Así la palabra griega psiché, pasó a significar “espíritu pensante”, capaz de tomar decisiones en el plano moral y también de alcanzar el conocimiento científico.
A partir de Platón (427 – 347 a.C.) el alma debe considerarse como una fuerza capaz de pensar y de actuar de manera autónoma. Ello supone la aceptación de una premisa: la de que existe un “yo”, un “alma”, una consciencia que a sí misma se gobierna y que en sí misma halla los motivos de sus propios actos, sin necesidad de acudir a la imitación de la experiencia poética.
Para Aristóteles (384 – 322 a.C.) la vida es automovimiento, y por consiguiente el alma será también esencialmente automovimiento. Sin embargo, su movimiento está causado y determinado por el ambiente circundante que le ofrece el alimento y con ello le hace posible el respirar, el crecer, no menos que el percibir sensorialmente y el apetecer, mediante todo lo cual se realiza el movimiento local de todo lo viviente. Así tenemos la entelequia que significa para Aristóteles tanto como lo acabado, lo completo, lo que ha alcanzado su meta y fin. Y esto ocurre cuando se da una realidad de tal modo constituida que corresponde a la idea que le prefija un fin. Alma, pues, significa la idea y el todo, el sentido y el finalismo de un cuerpo viviente, es decir, todo en él se da en razón del todo, se subordina a un fin como un instrumento, con lo que se nos aclara el primitivo sentido del concepto de orgánico.

Referencias
Hirschberger, J. (1997). Historia de la Filosofía. Tomo I. Barcelona: Herder.
Reale, G. (2002). Platón. En Búsqueda de la Sabiduría Secreta. Barcelona: Herder.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio[