viernes, 27 de julio de 2012

Por mi Padre, Que Nunca Fue a París


Por mi padre que nunca fue a París
me reúno con mis amigos tarde por la noche en cafés humosos
para tomar espumosos capuchinos y escuchar
solos de saxo de Coltrane en viejas sinfonolas,
y hablar de las heridas de padres e hijos.

Por padres e hijos
que nunca volvieron al hogar
llego a la profundidad de las palabras para expresar mi
pena,
como un médico de guardia en urgencias que busca a
tientas
la metralla perdida en la carne
de los seres queridos que se desangran.

Por todas las palabras nunca encontradas entre los hombres,
las palabras enterradas y ardientes que nos infectan lentamente,
meto monedas en teléfonos de bares sin nombre
para llamar a los amigos suicidas, a padres turbados,
solitarios hermanos lobos que aúllan a la indiferencia de
la luna,
y ofrecer la mesa redonda de la hermandad.

Por todos los tumores causados por la tristeza,
y todas las úlceras formadas por el odio,
y todo el vacío labrado por la desesperanza,
sondeo a amigos y familia
en busca de historias curativas.

Por mi padre y todos los padres
que nunca vieron París,
un amigo dice, revela,
llega a una herida abierta,
encuentra un fragmento de dorada metralla,
paga con ella el precio del viaje,
y lleva a su padre a Left Bank.

Así, la curación
puede empezar

                                                   por Phil Cousineau

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

viernes, 29 de junio de 2012

Arquetipo del Inválido

Actualmente vivimos en un mundo que elogia la perfección, la belleza y la salud. Herederos de la cultura griega donde no existen dioses defectuosos, salvo la presencia de Hefestos quien es cojo, pero el inválido como tal no es aceptado en su cultura. Sin embargo en la cultura germánica podemos mencionar a Thor quien lleva una piedra de molino clavada en la frente, doloroso recuerdo de una temprana batalla y Baldur invencible ante todo excepto ante el muérdago, entre otros, aquí esta cultura remite a su disposición en aceptar sus defectos, al inválido.
Desde la perspectiva de la salud, las deficiencias e incapacidades son sólo problemas temporales que han de ser superados, desde la perspectiva del  inválido son simplemente parte de la vida.
Dado el arquetipo del inválido, también debe haber un complejo del inválido, pues los arquetipos atraen hacia sí partes de la psique y de la experiencia psíquica.
El inválido no debe ser confundido con el arquetipo del niño. El niño, como el inválido, es débil e inferior, carente de las cualidades del adulto. Sin embargo, el niño crece, cambia, deviene adulto, «mata al padre». Tiene un futuro. Conduce a la muerte, a la salud o, incluso, a la invalidez. Es algo temporal, una amenaza pasajera, un percance.  La enfermedad puede perfectamente perjudicar el funcionamiento psíquico o físico, pero es aguda, dinámica, temporal. En cambio la invalidez no lleva a ninguna parte, ni a la muerte ni a la salud. Es una deficiencia crónica, permanente.
El arquetipo del inválido puede ser muy provechoso para la persona que lo ha de vivir. Permite contrarrestar la arrogancia y cultivar la modestia. Como las debilidades y flaquezas ya tienen su cuota, se hace posible desarrollar cierta espiritualidad. La invalides es un continuo, un enfrentamiento permanente con las limitaciones físicas y psíquicas. No deja escapatoria hacia las fantasías de salud o lejos de la conciencia de la muerte. Promueve la paciencia y frena la actividad obsesiva. En cierto modo, es un arquetipo muy humano.
Dado que el arquetipo del inválido subraya la dependencia humana y nos obliga a aceptar nuestra mutua necesidad respecto a los demás, es un factor importante en las relaciones. Conocer nuestras propias deficiencias y debilidades, nuestra propia invalidez, nos ayuda a darnos cuenta de nuestra eterna dependencia de alguien o algo. En el fondo de nosotros mismos todos somos conscientes de nuestros defectos y flaquezas, de nuestra invalidez. Pero reprimimos esta conciencia con todos los medios a nuestro alcance.
Ignorar o denigrar a un arquetipo es invitar su cólera y su venganza, y el arquetipo del inválido no es una excepción. Parece que cuanto más nos esforzamos en curar pacientes crónicos o psicosomáticos, más desesperadamente se resisten. Se vuelven más tiránicos y exigentes y nos piden más tiempo y atenciones. Lejos de conducirlos a la salud, nuestros esfuerzos parecen agravar su estado. Nuestra incapacidad de aceptar el inválido en cada uno de nosotros, nuestra fantasía de que los seres humanos deberían ser tan sanos como aquellos idealizados dioses griegos, es lo que nos impide afrontar al arquetipo del inválido.

Referencia
Guggenbühl-Craig, A. (2007). El Inválido en Espejos del Yo. Barcelona: Kairós.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

domingo, 27 de mayo de 2012

El Espíritu Fálico y la Psique Masculina


Príapo, el dios Falo, en la mitología griega es considerado hijo de Dionisos y Afrodita. Se dice que ésta había cedido a los abrazos de Dionisos, pero durante la expedición de éste a la India le fue infiel y vivió con Adonis. A la vuelta de Dionisos, Afrodita volvió a su lado, pero pronto le abandonó de nuevo y marchó a Lámpsaco para dar a luz al hijo del dios. Hera, decepcionada por la conducta de Afrodita, la tocó y su poder mágico hizo que alumbrase un hijo extremadamente feo y con unos genitales inusualmente grandes. Fue abandonado por Afrodita y recogido por unos pastores, que le criaron. Era adorado en Lampsaco, en fiestas que tenían el carácter de orgías. Es también el dios de la fertilidad de los campos, del cultivo de las viñas, de la fertilidad de los ganados, del trabajo de de las abejas, etc.
Arquetipalmente el espíritu fálico, como el pene, funciona de manera autónoma, independiente del control de la mente racional. Aunque aparentemente el pene puede ser manipulado para que actúe, sin duda tiene una voluntad propia capaz de resistir todas las argucias de la mente racional (el ego). Sin embargo, la actitud y la relación del ego respecto al pene puede causar cambios profundos en las relaciones de este órgano primario de la sexualidad masculina.
Si aceptamos la idea de que el pene es un órgano que se halla especialmente bajo la influencia del espíritu fálico, podemos deducir algo acerca de la naturaleza de este dios, Falo. Reconoceremos, sobre todo, su cualidad esencialmente impredecible. En la experiencia, parece manifestarse como una afluencia o empuje repentino y poderoso que viene del interior, fluyendo rápidamente con el deseo para contactar con otro objeto, ya sea una idea, una imagen, otra persona o un objeto inanimado. Mientras que el deseo del espíritu femenino Útero es ser penetrado, recibir y abrazar, el deseo de Falo es siempre ir hacia la penetración de un ámbito desconocido. Todo aquel que teme salir de estructuras viejas y estables hacia áreas que son nuevas, desconocidas y aún sin formar, temerá el influjo repentino e irracional de Falo. Por tanto, la relación adecuada con este espíritu es esencial para el cambio y el desarrollo psicológico. A la vez, es un espíritu que siempre se mueve: curioso, impulsivo, explosivo, atrevido pero incapaz de compromiso; rebosante de la alegría de su propio poder y listo para usarlo contra todo lo que se ponga en su camino, despreocupado de cuidar y nutrir las relaciones humanas a menos que el Eros lo atempere y lo contenga.
El Eros y el Falo a menudo son difíciles de distinguir porque ambos son fuerzas vitales fundamentalmente activas e iniciadoras. Ambos viven como una fuerza que nos lleva de donde estemos hacia otro objeto o persona. Sin duda, hay una estrecha relación entre Falo y Eros. Tal vez Falo es la fuente primaria de la energía que hay en cada emoción que motiva al hombre a moverse, actuar, iniciar. Quizá la principal diferencia es que Eros siempre es un deseo de fundirse, unir, mientras que Falo es primariamente un deseo de penetral y explorar. Además, Eros siempre despierta un gran interés por conservar la belleza e integridad del otro, mientras que Falo carece de tal interés; en su forma pura tiende a violar y en última instancia a destruir el objeto de su fascinación.

Referencias
Fontán, R. (1981). Diccionario de la Mitología Mundial. Madrid: Edaf.
Stein, R. (2007). El Falo y la Psicología Masculina en Espejos del Yo. Barcelona: Kairós.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

lunes, 14 de mayo de 2012

Imagen Arquetipal del Eterno Adolescente


El niño-dios Iacchus, llamado el puer aeternus, es un dios de la vida, la muerte y la resurrección – el dios de la divina juventud, correspondiente a dioses orientales como Tammuz, Attis y Adonis. Esta imagen arquetipal también puede designar cierto tipo de hombre joven que tiene un destacado complejo materno y por tanto una serie de comportamientos característicos que son normales en un joven de dieciséis o diecisiete años que si se prolongan en la vida posterior, acompañada en muchos casos de una dependencia excesiva de la madre, tipifica dos perturbaciones con un destacado complejo materno, como señala Jung, la homosexualidad y el donjuanismo, en el último caso hay un anhelo eterno de la mujer maternal que le rodeara con sus brazos y satisfará todas sus necesidades.
El puer aeternus generalmente experimenta grandes dificultades para adaptarse a la situación social, sintiéndose especial en ellos surge una actitud arrogante hacia otras personas, debido tanto a un complejo de inferioridad como a falsos sentimientos de superioridad. Tales personas suelen tener grandes dificultades para encontrar el tipo adecuado de trabajo. A menudo esta neurosis va acompañada, en mayor o menor grado, de un complejo de salvador o mesías. Esto puede levar a una típica megalomanía. Una fascinación por deportes peligrosos, especialmente el vuelo y el alpinismo, dirigido a alcanzar lo más alto posible; ello simboliza el escapar de la madre: de la tierra, de la vida ordinaria. Cuando el complejo está muy pronunciado, muchos de estos hombres mueren a temprana edad en accidentes.
A los pueri no les suelen gustar los deportes que exigen paciencia o un largo aprendizaje, suelen ser de naturaleza muy impaciente. Lo único que rechazan absolutamente es asumir responsabilidad por algo o tener que cargar con el peso de una situación. Suelen tener temas interesantes de que hablar y producen un efecto estimulante sobre el oyente; no les gustan las situaciones convencionales; formulan preguntas profundas y van directamente en pos de la verdad; generalmente buscan una religión genuina. El encanto juvenil del puer aeternus suele prolongarse a las etapas posteriores de la vida.
Hay otro tipo de puer en el que no se aprecia el encanto de la eterna juventud y a través del cual no brilla el arquetipo de la juventud divina. Por el contrario, vive en un continuo aturdimiento soñoliento, lo cual también es una característica adolescente: el muchacho somnoliento e indisciplinado que se limita a ir vagando por ahí, con su mente deambulando de un lado para otro. Pero el aturdimiento soñoliento es sólo un aspecto externo, y si conseguimos atravesarlo encontramos una prolífica fantasía que guarda en su interior.
El análisis de un puer aeternus llega tarde o temprano al problema del trabajo. Sólo cuando el ego se ha fortalecido suficientemente puede superarse el problema y se da la posibilidad de empeñarse en el trabajo. Todo trabajo, incluido el trabajo creativo, contiene cierta cantidad de rutina aburrida, que es donde el puer aeternus huye y llega de nuevo a la conclusión de que «¡no es esto!»

Referencia
Von Franz, M. (2007). Espejos del Yo. Barcelona: Kairós.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

miércoles, 18 de abril de 2012

Pandora y la Esperanza


En la mitología griega el Titán Prometeo era hijo de Jápeto y la oceánide Asia o en otras versiones de la oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños
Prometeo fue el gran benefactor de la humanidad y para ello a través del engaño robo a Zeus valiosos beneficios en pro de la humanidad. El primer engaño fue cuando al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses, pero la carne se la comen. Indignado por este engaño, Zeus privó a los hombres del fuego. Por lo que Prometeo decidió robarlo, así que subió al monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios o de la forja de Hefesto y lo consiguió devolver a los hombres en el tallo de una cañaheja, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse.
Para vengarse por esta segunda ofensa, Zeus planifico un engaño y ordenó a Hefesto que modelara una imagen con arcilla, con figura de encantadora doncella, semejante en belleza a las inmortales, y le infundiera vida. Pero, mientras que a Afrodita le mandó otorgarle gracia y sensualidad, y a Atenea concederle el dominio de las artes relacionadas con el telar y adornarla, junto a las Gracias y las Horas con diversos atavíos, a Hermes le encargó sembrar en su ánimo mentiras, seducción y un carácter inconstante. Ello, con el fin de configurar un "bello mal", un don tal que los hombres se alegren al recibirlo, aceptando en realidad un sinnúmero de desgracias, a esta mujer la nombro Pandora, y la envió por medio de Hermes a Epimeteo, el hermano de Prometeo, en cuya casa se encontraba la jarra o ánfora que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Epimeteo se casó con ella para aplacar la ira de Zeus por haberla rechazado una primera vez a causa de las advertencias de su hermano Prometeo quien le había advertido no aceptar ningún regalo de Zeus, de lo contrario les sobrevendría una gran desgracia a los mortales, pero no escuchó a su hermano y la aceptó, dándose cuenta muy tarde de la astucia del padre de los dioses. Pandora terminaría abriendo el ánfora, tal y como Zeus había previsto, liberando todas las desgracias humanas. El ánfora (posteriormente se habla de caja) se cerró justo antes de que la esperanza fuera liberada.
Etimológicamente el vocablo esperanza se deriva del latín “esperare”, esperar, lo que implica creer que algo ha de suceder, desear algo, permanecer en un sitio donde se cree que ha de ir alguna persona o ha de ocurrir algo, parar en una actividad hasta que suceda algo. Y en Teología una gracia o don de dios; una virtud religiosa que permite al hombre confiar en que Dios hará lo mejor para su vida, y con la ayuda de él, alcanzará la eterna felicidad. Como podemos notar la esperanza es un estado psicológico donde el hombre se paraliza en la creencia de que algo ocurra con la confianza de que esto sea bueno para él, y no es el producto de su planificación y acción. Ahora bien si la caja de Pandora albergaba todos los males y era producto del engaño y la venganza, como es posible que nos refugiemos en la esperanza y no en nuestras decisiones, planificaciones y acciones.

Referencias
Graves, R. (2009). Los Mitos Griegos. Madrid: Alianza Editorial.
Hesíodo. (2006). Teogonía y Trabajos y Días. Buenos Aires: Losada.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

sábado, 7 de abril de 2012

La Paradoja del Apego


El principio del placer ciertamente mueve al hombre en sus relaciones, mas esto desde el punto de vista psicoafectivo no es lo único y suficiente para establecer relaciones de apego, pues no basta con satisfacer las necesidades del otro, a veces hasta podríamos decir lo contrario: lo que aumenta el apego es el alivio de un sufrimiento y no la satisfacción de un placer. Por lo que para experimentar la felicidad de amar, ¡primero hay que haber sufrido una perdida afectiva! Así la figura que aporta el consuelo adquiere un lugar sobresaliente en la psique del doliente. Un ser vivo que no sufriera ni dolor físico ni pena por la falta de algo no tendría ninguna razón para apegarse a otro.
También es importante hacer notar que cuando no hay nadie que prodigue cuidados porque quien debía hacerlo ha muerto o padece una enfermedad grave o porque existe la creencia de que hay que aislar a los niños para que no se vuelvan caprichosos y malcriados, el pequeño privado de alteridad sólo encuentra, como sustituto, su propio cuerpo. Se balancea, hace girar la cabeza, se chupa el pulgar o se golpea para sentirse un poco vivo. Sobreviviendo como puede, no encuentra la ocasión de salirse de sí mismo para descubrir el mundo de otra persona. Su capacidad para la empatía no puede desarrollarse pues, en semejante contexto, sólo se tiene a sí mismo. Así cuando las representaciones del otro son impensables y la empatía no puede ir más lejos, el sujeto se vuelve autocentrado pues el mundo del otro le resulta inaccesible.
A menudo es el sujeto mismo quien teme descentrarse y, en el vacío de representación del otro, el hombre sin empatía pone sus propias representaciones. La proyección es un proceso psíquico íntimo que se da entre dos organismos. Es una operación por la cual un sujeto expulsa de sí mismo y localiza en el otro cualidades, sentimientos, deseos, etc., que los son propios. Cuando ya no hay diferenciación entre uno mismo y el otro porque no hay otro o porque el sujeto es funcional, tampoco hay lugar para la empatía. La proyección revela un trastorno del desarrollo cuando el sujeto, al no poder representarse el mundo del otro, le atribuye sus propios deseos de amor o de odio, de protección o de persecución.
Cuando se da el caso de que el otro no ofrece seguridad porque también él está en dificultades a causa de una depresión, de una personalidad inquieta o de un trauma que le atemoriza, el pequeño se apega a un objeto perturbador que se transforma así en una base de inseguridad, de manera tal que a su lado se siente mal y lejos de él se siente ansioso.
Referencia
Cyrulnik, B. (2007). De Cuerpo y Alma. Neuronas y Afecto. Barcelona: Gedisa.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

lunes, 5 de marzo de 2012

Biología del Amor


Se habla de la biología del amor en cuando en el encuentro amoroso se produce hormonas relacionadas con el mismo, así tenemos que la oxitocina, una hormona y un neuropéptido, sintetizada por células neurosecretoras en el núcleo supraóptico y el núcleo paraventricular del hipotálamo, desencadena la contracción del útero y la liberación de la leche. Pero cuando se introduce en el organismo una sustancia que impide la acción de la oxitocina, una hembra ya no se apega a su compañero. El producto no impide el acto sexual, pero adormece las respuestas del sistema límbico.
El acto sexual mismo también estimula la secreción de oxitocina, lo cual explica el carácter espasmódico del placer físico puesto que esta sustancia contrae el útero y algunos otros músculos. Si hay un déficit de los circuitos límbicos de la memoria o si la especie segrega sustancias antioxitocina, después del acto sexual, el compañero pasa a ser un desconocido. Los machos segregan menos oxitocina, pero son, en cambio, más sensibles a la vasopresina, una hormona neurohipofisaria que es liberada desde el lóbulo posterior de la glándula pituitaria en respuesta a una reducción del volumen del plasma o en respuesta al aumento de la osmolaridad en el plasma. Cuando se les ha bloqueado esta hormona, ya no se apegan a la hembra, aunque continúan mostrándose agresivos con los machos intrusos.
El acto sexual humano responde a un encuentro entre un estimulo externo y una receptividad interna. Pero sólo se prolongará en un vínculo de apego si participa un mecanismo de memoria. Ciertas personas no poseen esta memoria a causa de fallas biológicas. Otros tienen miedo al vínculo por razones psicológicas. Y la cultura por su parte, organiza circuitos sociales que alientan ese vínculo, como en Occidente, o que lo descalifican, como en la antigua Roma. Para complicar aún más las cosas, se ha podido medir que una caricia física aumenta en la mujer la secreción de oxitocina, tanto como una caricia verbal, pero menos que el aumento hormonal que provocan el amamantamiento o el placer sexual.
La oxitocina es un péptido de nueve aminoácidos (un nonapéptido). Su secuencia es cisteína - tirosina - isoleucina - glutamina - asparagina - cisteína - prolina - leucina – glicina. La estructura de la oxitocina es muy similar a la de la vasopresina (cisteína - tirosina - fenilalanina - glutamina - asparagina - cisteína - prolina - arginina - glicina), también un nonapéptido con un puente disulfuro, cuya secuencia difiere de la de la oxitocina en solo dos aminoácidos.
Un placer compartido aumenta la oxitocina, cuyo receptor más sensible se encuentra en el hipocampo de los circuitos de la memoria. Esto implica que el hecho de desear a alguien provoque una emoción sexual al mismo tiempo que un mejoramiento de la memoria. La asociación del bienestar y la memoria explica el poder euforizante de la familiaridad.

Referencia
Cyrulnik, B. (2007). De Cuerpo y Alma. Neuronas y Afecto. Barcelona: Gedisa.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio