jueves, 21 de julio de 2016

Cerebro Triuno y Sistema de Creencias

El cerebro humano está formado de tres cerebros química y físicamente diferentes y que para cuidarnos a nosotros mismos necesitamos tener acceso a los tres. Uno solo no es suficiente.
El cerebro más profundo corre por la médula espinal y está conformado por tres partes: el tallo cerebral, el sistema reticular activador, que consiste de fibras que suben hacia los otros cerebros y el ganglio basal que recubre el tallo cerebral. El sistema cerebral-R también conocido como el cerebro Reptil (cR). Este es el cerebro del ritmo, el cerebro de la adicción, el cerebro de la acción, la religión, los valores y, desde un punto de vista jungiano, el cerebro de la sensación. Un aspecto muy importante de todo esto es que cuando vamos a dormir, podemos tener acceso al inconsciente colectivo a través de los sueños, por medio de este cerebro profundo, el cR. Otra manera de tener acceso a este cerebro es observando el cuerpo, su comportamiento y sus patrones del comportamiento junto con los sueños. Construimos rutas, caminos, patrones de vida, rutinas, patrones de comportamiento. Si le añadimos el arte, la conciencia, la belleza o cualquier otro aspecto exquisito, se pueden convertir en rituales; y luego si esas rutinas o rituales son puestos en el espacio, se convierten en nuestras instituciones.
El cerebro Límbico (cL), también llamado el cerebro medio. Su primer órgano y el más grande, es el Tálamo (todas las señales a la neocorteza pasan por el Talamo)  y es el cerebro emocional. La región septal está asociada con la excitación sexual. No hay manera de que puedes ser afectado por un plato de espaguetis o cualquier otra cosa, sin tener excitación sexual. Bajo los bulbos olfatorios está la nariz, así que respirar y oler también están asociados con este cerebro. Una de las maneras de alterar ese dejarse afectar es a través de la educación de la respiración. Debajo del Tálamo está el Hipocampo relacionado a la memoria, y los Núcleos Hipotalámicos, también llamados en términos populares los “centros de placer y dolor”. Este el aspecto más profundo e importante de este cerebro. “Yo quiero, yo deseo” es lo que gobierna. Si no obtengo lo que quiero es dolor, si lo obtengo es placer. En el cR se encuentran químicos naturales pero también se encuentran en el cL y los Núcleos Hipotalámicos. Son tremendamente importantes para nuestra salud y para nuestros estados mentales. Existen en un rango de quietud hasta un rango de excitación. Si vemos las emociones en términos de energía, ellas también se expandirían en un rango desde la quietud hasta la excitación. Un ejemplo seria que la depresión es realmente un estado en el que la energía no se mueve. Tú no te mueves… no vale la pena… no puedes… nadie puede. Subiendo a través de este rango de emociones, la tristeza tiene un poquito más de energía en ella, la rabia mucha más, la felicidad es una escala un poco diferente y la excitación tiene mucha energía. La revisión de estas emociones como una escala nos va a permitir entrar en ellas y nos va a transformar a cada uno de nosotros, pero tenemos que dejarnos sentir afectados y entrar en nuestro cerebro emocional que gobierna nuestro camino a través de los variados estados de ánimo. Pero usualmente no nos permitimos entrar profundo en este cerebro nuestro.
El Hipocampo está asociado con la memoria a largo plazo. El sentido común nos ha dicho que recordamos lo que queremos recordar. Estar motivados es estar profundamente afectado, estar motivado y ser capaz de ir a través de los estados de ánimo para quedarse en ellos y aguantar un rango profundo de vibración dentro de este cerebro, es importante para nuestra salud. Este cerebro medio, el sistema Límbico, gobierna los órganos de nuestro cuerpo. El cR gobierna mi columna vertebral y mi parte de atrás. El cL gobierna el interior y mi parte frontal.
La Neocorteza es un sistema voluntario: yo puedo escoger abrir y cerrar mi mano, ya que el sistema gobierna los músculos. Pero el cL, lo que llamamos emociones, gobierna mi estado de constricción o expansión de todos estos órganos de mi cuerpo. Ojo, glándulas, corazón, hígado, intestinos, colon y todo lo que es parte del sistema autonómico involuntario. ¡Quizás “emoción” no es un termino suficiente para expresar las serias dinámicas que dan acceso a este cerebro y poder honrar nuestros propios cuerpos! El cL también va directamente no solo al sistema endocrino y el sistema hormonal sino también al sistema inmune. Así pues, cuan bien me siento tiene mucho que ver con mi respuesta inmune y mi capacidad de crear células blancas y luchar con la enfermedad. Es un placer diario lo que mantiene alejado al doctor, porque lo que necesitamos para mantenernos bien es serotonina y endorfinas.
El tercer cerebro del sistema del cerebro triuno consiste de los hemisferios derecho e izquierdo y el Cuerpo Calloso que es un camino de intercambio que permite que las energías y los procesos de cada hemisferio crucen al otro. Si un hemisferio es energizado, el otro, y por tanto la totalidad del cerebro se energiza. El hemisferio derecho es simultáneo. Si tartamudeo y no puedo terminar la frase, es porque otro proceso se está sucediendo simultáneamente dentro de mí. Doy un vistazo, veo la idea total, pero no la puedo enderezar para que salga secuencial.
El hemisferio izquierdo (pensamiento lógico-racional) es seguramente la piedra angular de nuestra civilización occidental. Ha creado nuestra filosofía y nuestra ciencia.
Hay una gran necesidad de otra inteligencia, otro proceso de pensar que puede ser llamado asociativo, que es una manera en la que el hemisferio derecho procesa: yo necesito solo un vistazo de ti. Veo que tienes ese bello prendedor en tu blusa, y me pregunto de donde vendrá. Tengo el vistazo tuyo, y puedo empezar a relacionarme. Podemos empezar a procesar desde un tipo de pensamiento libre del hemisferio derecho. El Hemisferio Izquierdo procesa de las partes a la totalidad. Mide el tiempo en pasado, presente y futuro. El Hemisferio Derecho, por otra parte, es atemporal. Todo está eternamente presente. Necesita ver la totalidad, un marco, y entonces se permitirá entrar más profundo en las partes.
En este vasto campo de energía un lente mira hacia fuera y necesita estabilizar el campo, ordenarlo y fijarlo secuencialmente, para que haya un pasado, presente y futuro. El otro lente ve hacia fuera y dice, “todo a la vez”, “el todo es lo que tenemos”. Está siempre aquí, en el momento, y el pasado, presente y futuro no tienen mucho sentido para él. 
En pocas palabras, tenemos un sistema cerebral que controla la columna vertebral llamado el Cerebro Básico, el cerebro medio o Límbico que controla el frente del cuerpo y los dos lentes de la Neocorteza. En estos dos lentes tenemos una manera secuencial de pensar en el hemisferio Izquierdo y en el Derecho, otra manera de pensar visual, la visualización, lo imaginario, las imágenes, hasta llegar a la inteligencia intuitiva y… yendo todavía a mayores velocidades el psíquico, el que está en éxtasis y muchos otros nombres y distinciones de este tipo.
El cR es el cerebro de lo establecido, el automatismo y la respuesta refleja. Muchas creencias actúan de esta forma cuando son estereotipadas y respondemos a ellas sin ningún análisis de la situación vivida, aquí los datos son irrelevantes ante las creencias. Ahora bien para que se responda de esta manera es importante que estas creencias estén cargada de emoción y eso es función del cL. Pudiendo darnos cuenta aquí que el sistema de creencias es una acción conjunta del cR y el cL, donde el Hipocampo tiene una función muy importante para mantenerlas. Mientras esto se mantenga así es imposible el cambio de creencia, para el cambio es necesitamos la participación conjunta del cL y la neocorteza, es esta ultima quien resinifica y evita la disonancia cognitiva, produciendo el cambio de creencia, mismo que es energetizado y consolidado por el cL para ser ejecutado por el cR al establecerse el nuevo sistema. De esta forma podemos cambiar una creencia insana o positiva por una saludable.

Dr. Félix Piñerúa Monasterio

jueves, 7 de julio de 2016

Consciencia y Sistema de Creencias

La consciencia es la capacidad para desarrollar actividades mentales a partir de la complejidad de la estructura cerebral y de su sistema funcional. Contiene la facultad para la percepción y comprensión del medio natural, social y subjetivo, junto a la posibilidad de interaccionar con ellos y a partir de allí conformar el Sistema de Creencias (SC). La consciencia hace posible que nos percatemos de nosotros mismos, de nuestro interior, de cómo somos y nos sentimos, a la vez que podamos entender la relación con los demás individuos y objetos que nos rodean.
          La emergencia de la consciencia no cabe atribuirla sólo al córtex cerebral, sino al conjunto de estructuras interconectadas desde el córtex hasta el tronco cerebral. En el desarrollo evolutivo aparece un crecimiento progresivo del cerebro desde el tronco cerebral hacia arriba. Los reptiles poseen ya estructuras similares a nuestro troco cerebral  que les permitía mantener las funciones vitales básicas: respirar, dormir y buscar alimentos ante la sensación de hambre entre otras funciones. Los mamíferos primitivos desarrollaron por encima algunos núcleos basales, así como un rudimentario sistema límbico-olfatorio con estructuras como el hipocampo, encargado de mantener en la memoria aquello que su cerebro consideraba relevante para su supervivencia, y la amígdala responsable de imprimir emoción a su vivencia, en los mamíferos más evolucionados aparece, cubriendo todo lo anterior, el neocórtex que contiene las áreas de asociación. En el humano todo este desarrollo es más grande y complejo. Cabe entender que la interconexión entre las estructuras de cada nivel sirve tanto en dirección hacia abajo (gestión del organismo), como hacia arriba (influencia en la producción mental). Es importante resaltar que por sobre el nivel de los sistemas, los mecanismos regulatorios funcionan interconectados: El Sistema Nervioso Central (SNC), con el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), con el Aparato Cardiovascular, con el Sistema Neurohormonal (SNH) y con el Sistema Inmune (SI). Así un pensamiento perturbador producto de nuestro SC puede generar una respuesta del SNA y el eje hipotálamo hipofisario adrenal (HHA), siendo sus principales mediadores las catecolaminas; noradrenalina (liberada por los nervios periféricos), y adrenalina (medula adrenal), y las hormonas; corticotrofina y cortisol (liberados por la hipófisis y por la corteza adrenal respectivamente). Estos sistemas se activan en forma simultánea, y se inactivan en condiciones normales cuando la situación perturbadora se extingue. Sin embargo si el pensamiento perturbador es persistente el organismo continúa expuesto a altos niveles de catecolaminas y corticoides con consecuencias patológicas.

miércoles, 22 de junio de 2016

Neurociencias - La Melatonina

La melatonina se produce en la glándula pineal, o epífisis. Esta es una glándula impar, esférica, situada en el centro del cerebro, sobre el techo del tercer ventrículo cerebral. La primera descripción de la glándula pineal se atribuye a Herófilo de Alejandría, en el siglo III a.C., quien la vinculó a funciones valvulares reguladoras del “flujo del pensamiento” en el sistema ventricular. Galeno (siglo II d.C.) describió su anatomía y la llamó konarium (cono de piña), denominación que ha perdurado hasta nuestros días junto con la de pineal, de pinea (piña en latín).
          En la era actual el conocimiento pineal se inicia en 1954 con la publicación de “La Glándula Pineal”, de Julian Kitay y Mark Altschule, que atribuía a la glándula tres propiedades: su intervención en la función gonadal, su participación en la respuesta cromática dérmica a los cambios de luz ambiental en vertebrados inferiores y alguna vinculación con la conducta. En 1958 la N-acetil-5-metoxitriptamina o melatonina, fue aislada e identificada a partir de pinealocitos bovinos, por el dermatólogo americano Aaron Lerner y sus colaboradores, quienes basaron sus estudios en los trabajos realizados en 1917 por McCord y Allen (Lerner y cols., 1958). Esta indolamina es una molécula derivada de la serotonina, evolutivamente muy conservada y ubicua, por lo que está involucrada en la regulación de una gran variedad de procesos fisiológicos (Conti y cols., 2000; Djeridane y Touitou, 2001; Bubenik, 2002; Iuvone y cols., 2005;Slominski y cols., 2007). Está presente en bacterias, hongos, plantas, protozoos, invertebrados y vertebrados incluyendo al hombre  (Hattori y cols., 1995; Harderland y Poeggeler, 2003).
          Su síntesis ocurre a partir del aminoácido dietético L-triptófano (Trp), el cual en el interior celular es hidroxilado a nivel mitocondrial por la enzima triptófano-hidroxilasa (TPH), dando como producto de esta reacción el 5-hidroxitriptófano (5-HTP) que en el citosol se transforma en 5-hidroxitriptamina o serotonina, por efecto de la actividad de la descarboxilasa de aminoácidos aromáticos (AADC). Luego de estas reacciones, la serotonina sufre un proceso de acetilación por la arilalquilamina-N-acetiltransferasa (AANAT) dando lugar a la formación de la N-acetilhidroxitriptamina, metabolito que es O-metilado por la hidroxiindol-O-metiltransferasa (HIOMT) produciendo finalmente la N-acetil-5-metoxitriptamina o melatonina (Sugden, 1989).
        La tasa de formación de melatonina depende fundamentalmente de la actividad de la TPH y la AANAT, cuya función es estimulada por la norepinefrina, a través de la activación de la PKA dependiente de AMPc, la cual fosforila la proteína CREB, que inicia su síntesis (Ehret y cols., 1991). Además, se ha demostrado que la disponibilidad, de calcio a través de los canales de calcio dependientes de voltaje (Barbosa y cols., 2008) y factores nutricionales como la disponibilidad de triptófano, folatos, y vitamina B6, pueden afectar la producción de melatonina (Zimmermann y cols., 1993; Fournier y cols., 2002; Luboshitzky y cols., 2002; Klein, 2007).
          Su sitio de síntesis más conocido es la glándula pineal, sin embargo, puede ser sintetizada en otros tejidos como la retina (Bubenik y cols., 1973; Iuvone y cols., 2005), glándula harderiana (Bubenik y cols., 1973; Djeridane y Touitou, 2001), médula ósea (Conti y cols., 2000), intestino (Bubenik y cols., 1977; Bubenik, 2002), piel (Slominski y cols., 2007), hígado, riñones, adrenales, glándula tiroides, timo(Jimenez-Jorge y cols., 2005), epitelio pulmonar (Kvetnoy, 1999), células inmunes (Carrillo-Vico y cols., 2005), testículos (Tijmes y cols., 1996), páncreas, cuerpo carotídeo, ovarios (Itoh y cols., 1997), placenta, endometrio (Fischer y cols., 2006;) y cerebro (Stefulj y cols., 2001). La totalidad de la melatonina sintetizada por los tejidos extrapineales representa una concentración mayor que la sintetizada por la glándula pineal y su concentración tisular es superior a la concentración plasmática (Reiter y Tan, 2003).
          La melatonina sintetizada en la glándula pineal actúa como una sustancia endocrina, mientras que la derivada de los tejidos extrapineales funciona no sólo como una sustancia endocrina, sino como una sustancia autocrina, paracrina y luminal (Bubenik y cols., 1999).
          El metabolismo de esta sustancia es altamente complejo, y dependiendo del sitio de síntesis puede tomar diferentes rutas metabólicas. Es un proceso rápido, con una duración aproximada entre 10 y 60 minutos (Fourtillan y cols., 2000). Por ser una molécula muy lipofílica atraviesa rápidamente la membrana celular y llega a la circulación sanguínea. Más del 90% de la melatonina circulante es catabolizada en el hígado. Una de las vías de catabolización contempla la hidroxilación o dealquilación por actividad de las enzimas citocromo P-450 (Ma y cols., 2005).
          Hasta ahora se han descrito 4 mecanismos de acción para la melatonina, los cuales incluyen: 1) Unión a proteínas intracelulares, 2) Efecto antioxidante (1 y 2 mecanismos independientes de receptores), 3) Unión a receptores nucleares y 4) Unión a receptores ubicados en la membrana plasmática (3 y 4 mecanismos dependientes de receptores).
            Gracias a estos mecanismos de acción y debido a que la melatonina es una molécula altamente lipofílica y ubicua, en la mayoría de los organismos, incluyendo los humanos, cumple multitud de funciones. En organismos unicelulares primitivos la primera función biológica de la melatonina fue su defensa antioxidante, luego durante la evolución, esta amina fue adoptada por organismos multicelulares para cumplir muchas otras funciones biológicas (Tan y cols., 2010).
          Estas funciones incluyen los efectos cronobióticos en vertebrados, la tolerancia ambiental en hongos y plantas, señales sexuales en pájaros y peces, la regulación reproductiva estacional en mamíferos con fotoperiodos. Además, parece estar relacionada con el envejecimiento, regulación del sueño, regulación de la actividad de proteínas transportadoras (Matheus y cols., 2010), regulación del metabolismo de los lípidos, la temperatura corporal, las funciones cardiovasculares y gastrointestinales y la actividad antiinflamatoria e inmunomoduladora en todos los vertebrados estudiados.
          Muchas de las funciones de la melatonina pueden ser atribuidas a metabolitos bioactivos formados durante su complejo metabolismo, el cual se produce por vías multi-enzimáticas, pseudo-enzimáticas y no-enzimáticas (Tan y cols., 2010).
          Desde principios del siglo XX se sospechaba la relación de la glándula pineal con el sistema inmunitario (SI), en razón del efecto trófico de la pineal sobre el timo. Se suponía la existencia de un eje pineal-timo. Pero hubo que esperar a mediados de los ochenta para obtener resultados que avalaran una función inmunoestimuladora de la melatonina. Uno de los primeros experimentos que dieron respaldo a esta hipótesis consistió en la inoculación en ratones del virus de la encefalopatía del mono verde africano. Este virus produce una encefalopatía, relativamente benigna, que, en condiciones de estrés, cuando el SI se encuentra deprimido, presenta una elevada tasa de mortalidad. En este modelo, la administración de melatonina contrarresta los efectos inmunodepresores del estrés, con la reducción consiguiente de la mortalidad.
          En los últimos años, se ha venido corroborando la interrelación entre los sistemas neuroendocrinos (SNE) y SI, lo que propició que Ader acuñase el término “Psiconeuroendocrinoinmunologia” para referirse a una nueva disciplina en la que se incluyen conjuntamente aspectos psicológicos, endocrinos, neurológicos e inmunológicos. La glándula pineal y su hormona se integran en esa red. Se ha comprobado en efecto, la correlación entre la glándula y el SI a través de dos vías: por un lado, mediante modelos animales de pinealectomia, en los cuales se ha observado un descenso de peso del timo, bazo y nódulos linfáticos y una disminución de la respuesta inmunitaria (RI); por otro, mediante la observación de la sincronización entre la ritmicidad  en la síntesis de melatonina y la función inmunitaria.
            Ha quedado, asimismo, demostrada la capacidad inmunomoduladora de la administración de melatonina, en modelos in vivo e in vitro. La hormona, capaz de modular la RI, promueve un aumento del peso de órganos inmunitarios y estimula su función a través de la activación de la proliferación de células y mediadores inmunológicos en timo, bazo y medula ósea. Además, estimula la actividad de neutrófilos, macrófagos y células NK y modula la producción de citoquinas. Respecto a la inmunidad adaptativa, la melatonina favorece el incremento de linfocitos B y T; regula tanto la respuesta humoral como la celular por medio de la modulación de mediadores, como la 5-lipoxigenasa o la IL-2.
          Existen evidencias que sugieren en diferentes especies, incluyendo la humana, que los patrones cíclicos de presentación de algunas sintomatologías en ciertas enfermedades infecciosas y trastornos afectivos estacionales son debidas a que el sistema inmune es afectado o regulado por señales ambientales (Pandi-Perumal y cols., 2008). La luz es una de las señales que más modulan el funcionamiento del SI y es la señal que controla los ritmos circadianos, con regulación de varios procesos fisiológicos entre los que se encuentra la secreción de hormonas neuroendocrinas como la melatonina (Srinivasan y cols., 2008).
          La melatonina representa el factor predominante en la regulación circadiana. Esta molécula sintetizada entre otros órganos y tejidos en órganos linfoides como la médula ósea, timo y linfocitos, ha demostrado que uno de sus principales efectos fisiológicos es la inmunomodulación o regulación del SI, incluyendo su acción anti-inflamatoria (Carrillo-Vico y cols., 2005, Lissoni y Rovelli, 2012).
          Conclusiones
          La melatonina tiene una variedad de funciones importantes. Es eficaz en la prevención de procesos patológicos agudos como la sepsis y la asfixia en los recién nacidos y en estados crónicos como es el caso de las enfermedades metabólicas, enfermedades neurodegenerativas, cáncer, inflamación y envejecimiento. Los efectos beneficiosos de la melatonina puede ser explicada por sus propiedades como un potente estimulador de las funciones inmunes y una potente molécula antioxidante.

          Referencias
          Guerrero, J., Carillo-Vico, A. y Lardone, P. (2007). La Melatonina. Octubre 2007. Pag. 30 – 38. Sevilla: Revista Investigación y Ciencia de la Universidad de Sevilla.
          Matheus, N., Mendoza, C., Mesonero J. y Alcalde, A. (2012). La Melatonina un Potente Inmunomodulador. Año 2. N° 1.Enero - Junio 2012. Pag. 45 – 51. Barquisimeto: Revista del Colegio de Médicos Veterinarios del Estado Lara.
          Muñoz, A., Molina, A., Bonillo, A., Valenzuela, A., Uberos, J., Contreras, F. y Narvona, E. (2004). Melatonina, Estrés y Sistema Inmune: aspectos de interés clínico. N° 3. Febrero 2004. Pag. 37 – 48. Granada: Revista de la Federación Iberoamericana de Sociedades de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad.


          

jueves, 15 de octubre de 2015

Neurociencias y Paleoneurología

Es alrededor de 1920 cuando nace la paleoneurología, un ámbito de la paleoantropología dedicado a conocer sobre el cerebro de las especies de los homininos. En la mitad del siglo XX los paleoantropólogos se preocuparon por conocer el tamaño y la forma de los cerebros que ocuparon los cráneos que se recuperaban en yacimientos de África y Eurasia. Emiliano Bruner, define la paleoneurología como aquel ámbito de la ciencia “que se ocupa del estudio y análisis de anatomía y morfología endocraneal de los grupos humanos extintos, a través de los moldes endocraneales y de la morfología digital” y “permite conocer la evolución del cerebro del individuos fósiles mediante análisis anatómicos y morfológicos de sus caracteres y volúmenes endocraneales”. Gracias a ello “se podrán desarrollar hipótesis acerca de los procesos fisiológicos  y funcionales, así como estudiar posibles implicaciones en contextos cognitivos”.
Como es sabido, los cerebros no fosilizan. No solo se carece de este órgano, sino que resulta muy complicado tener una idea aproximada de cómo funcionaba. Su mente, ese prodigio bioquímico y fisiológico que nos permite pensar, leer, reflexionar, ver, escuchar, sentir o realizar cualquier movimiento, será durante décadas una entidad desconocida para la ciencia. El registro arqueológico permite realizar no pocas inferencias sobre las destrezas o la capacidad de organización de nuestros antepasados más remotos. Pero el alcance de estos conocimientos es tan limitado como ese registro y en ocasiones altamente especulativo. El proyecto que investiga sobre nuestro cerebro y nuestra mente permitirá ampliar las inferencias que se realizan a partir de los vestigios arqueológicos del pasado. Pero no nos dirá mucho más de lo que explican en este momento los fósiles.
Hasta hace pocos años los moldes se obtenían con resina sintética. Pero la tomografía axial computarizada (TAC) ha venido a sustituir con gran éxito a los moldes físicos. Todos los estudios se realizan con imágenes digitales, mucho más precisas y se puede compartir información a través del envió de esas imágenes a cualquier parte del mundo.
Es importante saber que el cerebro está protegido por las tres meninges, de dentro a fuera piamadre, aracnoides y duramadre. Esta última es la más gruesa y consistente, uniendo con fuerza el cerebro a la cara interna del cráneo. Esta capa contiene vasos sanguíneos de cierto tamaño, que dejan su impronta en el hueso y permiten conocer algo sobre la irrigación del cerebro. El tamaño y la forma de los moldes endocraneales permiten inferir la evolución del tamaño del cerebro, en su conjunto y en sus diferentes parte. Por descontado, estos moldes (físicos o digitales) no pueden informarnos sobre las regiones internas del cerebro. Nada se puede saber de la amígdala cerebral, el hipocampo, la corteza cingulada anterior o sobre regiones internas del neocórtex. Así que hay que conformarse con averiguar cómo han evolucionado el cerebelo, los diferentes lóbulos, así como algunos detalles interesantes de estas regiones (áreas de Broca y Wernike) y las posibles asimetrías de estas regiones. No es poco, pero hay que seguir investigando mucho antes de sentirse satisfecho.
En el género Homo el volumen endocranear ha multiplicado su volumen por tres, pero la forma ha permanecido muy similar, como ha mostrado Eva del Pozo, del equipo de investigadores de Atapuerca. Los humanos de la Sima de los Huesos y los neandertales, que muestran similitudes y algunas diferencias, representan un grupo humano separado del resto de especies primitivas del género Homo (Homo habilis y Homo erectus). Pero la separación es mucho más importante entre nuestra especie y las demás. Los moldes endocraneales de los sapiens más antiguos ya nos muestran una forma denominada globularización. Este proceso ha consistido en una expansión relativa del lóbulo frontal y de los lóbulos temporales, una expansión relativa de la fosa craneal posterior, un aplanamiento del área occipital y una flexión de la base del cráneo. Todo ello  ha dado lugar a un cerebro redondeado, en contraposición al cerebro bajo y alargado de todas las demás especies del género Homo. La globularización ha sido posible gracias a un simple cambio en la trayectoria de crecimiento del cerebro durante el primer año de nuestra vida extrauterina. Quizá solo fue necesario modificar uno o dos genes para conseguir este cambio, que a la postre pudo ser responsable de un incremento de nuestra capacidad cognitiva. Lo cierto es que ahora tenemos una cultura (que incluye la ciencia y la tecnología) muchísimo más avanzada que hace 100.000 años. Esto no sería posible sin un cerebro más complejo (pero no más grande) y una socialización extrema. Trabajar en equipo nos ha hecho más capaces. Las individualidades son sinónimo de fracaso en un mundo cada vez más globalizado.

Fotos: Museo de la Evolución, Burgos - España

NEUROCIENCIAS  Y PALEONEUROLOGÍA
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia
FOTOGRAFÍA: Félix Piñerúa Monasterio

jueves, 1 de octubre de 2015

Neurociencias y Arqueología

Investigadores de la Universidad del País Vasco/EHU estudian en lascas de sílex la lateralidad de los humanos del paleolítico, es decir, qué mano usaban para tallar sus útiles
Según Eder Domínguez-Ballesteros, coautor del artículo ‘Flint knapping and determination of human handedness. Methodological proposal with quantifiable results', la lateralidad está relacionada con la forma de organización de nuestro cerebro, y asigna roles distintos a cada una de nuestras extremidades al realizar una tarea determinada. Estudiar la lateralidad, su origen y desarrollo ayuda a comprender mejor la organización cerebral y sus asimetrías, y a saber cómo han evolucionado estas a lo largo de la historia.
La lateralidad es la preferencia de los humanos por un lado de nuestro cuerpo; ser zurdo o diestro, por ejemplo, o usar preferentemente determinado ojo u oído. En opinión del geólogo y primatólogo Eder Domínguez-Ballesteros, "el comportamiento lateralizado humano ha podido tener algún tipo de reflejo en sus productos tecnológicos, especialmente en sus manufacturas. Por otra parte, la talla lítica —inherente a nuestro género desde los primeros estadios de su evolución— es una excelente fuente de información para el estudio del proceso de lateralización de los humanos".
La investigación se ha desarrollado de la siguiente manera: "Se han analizado las lascas, que pueden ser producto de una talla lítica, un resto…, o un soporte para fabricar un útil. Nosotros nos fijamos en el talón de la lasca, que es donde queda preservada una parte de la plataforma de percusión. Las fracturas que aparecen en dicha plataforma se orientan en función de la dirección del impacto del percutor en aquella. Una vez que se conoce la dirección del impacto, se puede saber si se ha hecho con la mano izquierda o con la derecha, con un alto grado de fiabilidad", explica Domínguez-Ballesteros.
"Un tallista, sea zurdo o diestro, para impactar en un mismo punto del núcleo, tiene que girarlo, para colocárselo en un lado o en otro. El ángulo con el que inciden con el percutor tanto el diestro como el zurdo sería el mismo, pero en dirección exactamente opuesta", continúa el investigador, quien añade: "El núcleo es el fragmento de materia prima del que se extraen las lascas, y la plataforma de percusión, la superficie donde es golpeado el núcleo".
Una Lasca, un Tallista
Los primeros trabajos orientados a determinar la lateralidad humana a través de las lascas —producto de la talla lítica de nuestros antepasados— fueron efectuados por Toth en 1985. Según este investigador, un tallista diestro giraría el núcleo, a medida que fuera extrayendo lascas, en sentido dextrógiro (en el mismo sentido que las agujas del reloj), mientras que un tallista zurdo lo haría en sentido contrario (levógiro). Investigaciones posteriores (Patterson y Sollberg) probaron, sin embargo, que un tallista zurdo puede producir cierto número de lascas diestras, y viceversa.
Más tarde, Rugg y Mullane estudiaron la orientación del cono de percusión de la lasca, y la relacionaron con la dirección del ángulo de percusión; sin embargo, Bargalló y Mosquera demostraron que el método de Rugg y Mullane, por sí solo, no permite determinar la lateralidad del tallista. Domínguez-Ballesteros y Álvaro Arrizabalaga, por último, proponen un método que permite relacionar cada lasca individual con la lateralidad del tallista que la produjo, sin necesidad de contar con varia lascas elaboradas por un mismo tallista. Se trata, por tanto, de un método extensivo, que puede aplicarse a lo largo de diferentes periodos del registro arqueológico.

Referencias bibliográficas
Domínguez-Ballesteros, E. y Arrizabalaga, A. (2014). Laterality in the first Neolithic and Chalcolithic farming communities in northern Iberia. Laterality, 20, 371–387.doi:10.1080/1357650X.2014.982130
Domínguez-Ballesteros, E. y Arrizabalaga, A. (2015). Flint knapping and determination of human handedness. Methodological proposal with quantifiable results. The Journal of Archaeological Science. doi:10.1016/j.jasrep.2015.06.026


Fotografía: UPV/EHU

sábado, 21 de marzo de 2015

Neurociencias y Espiritualidad

La espiritualidad es la sensibilidad para la religión. Es una característica que el Homo sapiens posee en cierta medida, aun cuando la persona no forme parte de una determinada religión, pues la religión es una interpretación local de nuestros sentimientos de espiritualidad. La elección de ser o no religioso no es libre. La cultura en el que se crece se encarga de que la fe de nuestros padres quede fijada en nuestros circuitos cerebrales de un modo parecido a lo que sucede con la lengua materna. Los neurotransmisores como la serotonina influyen en nuestro nivel de espiritualidad. La cantidad de receptores de serotonina, en el cerebro se correlaciona con el grado de espiritualidad. Y las sustancias que actúan sobre la serotonina como el LSD, las mescalina del peyote y la psilocibina de setas alucinógenas, pueden ocasionar experiencias místicas y espirituales, lo mismo que las sustancias que actúan sobre el sistema opioide del cerebro.
Dean Hamer ha encontrado un gen (gen de dios) donde unas pequeñas mutaciones determinan el grado de espiritualidad.
Después del nacimiento empieza la programación religiosa del cerebro del niño y esto implica una ventaja evolutiva. Los niños deben acatar las advertencias y seguir las indicaciones de los padres y de otras autoridades sin protestar si no quieren correr un grave peligro. La desventaja de esta característica es que hace a los niños crédulos. Por otra parte, el adoctrinamiento a temprana edad es fácil. La imitación, que constituye la base para nuestro aprendizaje social, es un mecanismo sumamente eficiente. Hasta disponemos de sistema aparte de «neuronas espejo» en nuestro cerebro. De ese modo, ideas religiosas como creer que existe otra vida después de la muerte, van trasmitiéndose de generación en generación y grabándose en nuestros circuitos cerebrales.
Con la evolución del hombre surgieron cinco comportamientos característicos, comunes a todas las culturas, que son: la lengua, la fabricación de armas, la música, el arte y la religión. La ventaja evolutiva que la religión posee para el ser humano es evidente.
En primer lugar mantiene unida a la comunidad. Las religiones emplean una serie de instrumentos para la cohesionar el grupo.
Uno de los mecanismos universales para mantener unido a un grupo es el mensaje de que casarse con alguien de otra creencia es pecado.
La religión impone normas sociales al individuo en nombre de dios, a veces con amenazas explicitas en el caso de que no se cumpla.
La fe quiere que sus adeptos sean reconocidos como miembros de la comunidad. Eso se consigue mediante símbolos externos, como kipás, crucifijos, el chador o una burka, mediante características físicas como la circuncisión, y mediante el conocimiento de las sagradas escrituras, oraciones y rituales. Es preciso ver y oír quien pertenece a la comunidad para beneficiarse de su protección.
La mayoría de las religiones tiene reglas orientadas a favorecer la procreación. Así se amplía y fortalece la comunidad.
Los mandatos y las prohibiciones de la fe no solo ofrecían la ventaja de proteger al grupo; los contactos y los preceptos sociales también poseían elementos que beneficiaban la salud.
Tener convicciones religiosas ofrece ayuda y consuelo en tiempos difíciles, mientras que el ateo debe superar los problemas por sí mismo.
Dios da una respuesta a todo lo que no sabemos o no comprendemos, por otra parte, contar con una religión da una sensación de optimismo.
La fe reducirá parte del temor a la muerte al creer que existe una vida más allá.
Siempre ha tenido gran importancia matar a otros grupos en nombre del propio dios. Los humanos se han desarrollado durante millones de años en un entorno donde apenas había suficiente comida para su propio grupo. Por tanto, cualquier otro grupo con el que se cruzaran constituía una amenaza para su supervivencia y, por tanto, debía ser eliminado.
Así formar parte de un grupo comporta muchas ventajas. Se goza de protección frente a otros grupos, lo que garantiza más probabilidad de sobrevivencia

Referencias
Rubia, F. (2014). La Conexión Divina. Barcelona: Critica.
Swaab, D. (2014). Somos Nuestro Cerebro. Barcelona: Plataforma Editorial.

NEUROCIENCIAS Y ESPIRITUALIDAD
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia

viernes, 6 de marzo de 2015

Neurociencias y Conducta Moral

La corteza prefrontal (CPF) es primordial para le expresión de la personalidad y la toma de decisiones. Se encarga también de que nos comportemos moralmente, es decir dentro de los parámetros sociales aceptados. Las personas que padecen la enfermedad de Pick u otro tipo de demencia en esa área presentan graves disfunciones de la CPF. Las circunvoluciones frontales van atrofiándose hasta adquirir el tamaño de una nuez. En un estadio precoz de la enfermedad de  Pick los trastornos de memoria no son tan notorios como las alteraciones de conducta, que, sólo a cabo de varios años, evolucionan hacia una demencia global. Los pacientes con esta enfermedad manifiestan trastornos motores propios de la enfermedad de Parkinson, resultando tener una «demencia frontotemporal causada por las mutaciones del gen tau en el cromosoma 17». En la fase inicial de la enfermedad esas personas habían manifestado también trastornos conductuales, por ejemplo, un comportamiento social anómalo, hipo o  hipersexualidad, alcoholismo, agresividad, depresión y un cuadro esquizofrénico.
Darwin ya describió en detalle el origen de nuestra conducta moral a partir de los instintos sociales, que son importantes para garantizar la supervivencia del grupo. Se trata de rasgos que se observan en todas las especies cuyos miembros cooperan entre sí, como los primates, los elefantes y los lobos.
Favorecer a los miembros del propio grupo, es decir, fomentar la cooperación, es consustancial al objetivo biológico de la moralidad. En primer lugar,  como objetivo moral está la lealtad a la familia nuclear, a la familia extensa y a la comunidad a la que uno pertenece. Sólo una vez que la supervivencia y la salud de las personas más cercanas están garantizadas, puede ampliarse ese círculo de lealtad.
Frans de Waal ha demostrado que por lo general los humanos no reflexionan en absoluto sobre las acciones morales. Se actúa moralmente de forma rápida e instintiva, obedeciendo a una sólida base biológica. Sólo a posteriori el hombre busca razones para lo que ha hecho en un  acto inconsciente. Nuestros valores morales han ido evolucionando a lo largo de millones de años y están basados en valores universales inconscientes.
Al igual que los primates antropomorfos, los niños pequeños consuelan a los mayores cuando los ven mal antes incluso de haber aprendido a hablar o poder reflexionar siquiera sobre las normas morales.
En nuestro cerebro tenemos una «red moral» cuyos componentes neurobiológicos se han ido formando poco a poco a lo largo de la evolución. En primer lugar observamos las emociones ajenas a través de las «neuronas espejo», sentando la base de la empatía.
Como ya mencionamos nuestra CPF contiene importantes componentes para nuestra red moral. Se encarga de que asociemos las emociones observadas con interpretaciones morales. Reacciona a las señales sociales e inhibe los impulsos egoístas. La CPF también es esencial para la sensación de honestidad. La importancia de la CPF para nuestra conciencia moral se descubierto estudiando las consecuencias de los daños causados en esa área por tumores, heridas de bala y otras lesiones, que pueden derivar hacia comportamientos antisociales, psicopáticos e inmoral. Los pacientes que tienen una demencia frontotemporal, enfermedad que empieza en la CPF, muestran un comportamiento antisocial y delincuente, que puede manifestarse en proposiciones sexuales no deseadas, infracciones de tráfico, violencia física, robo, allanamiento de morada y pedofilia.
Además de la CPF hay también otras regiones cerebrales corticales y subcorticales que son importantes para nuestro comportamiento moral, como la parte frontal del lóbulo temporal, que contiene la amígdala, que también se encarga de percibir el significado social de las expresiones faciales y ofrecer una reacción adecuada. En los asesinos y psicópatas se ha hallado un funcionamiento anómalo de la amígdala. El séptum, que se halla entre las cavidades cerebrales, el sistema de recompensa (el tegmento ventral / núcleo accumbens), y el hipotálamo, situado en la base del cerebro. Todas estas áreas son esenciales para la motivación y las emociones relacionadas con nuestro comportamiento moral.
Las emociones típicamente morales, como el sentido de culpabilidad, la compasión y la empatía, la vergüenza, el orgullo, el desprecio y el agradecimiento así como la aversión, el respeto, la indignación y la ira dependen de las interacciones de las áreas cerebrales antes citadas.

Referencias
Casafont, R. (2012). Viaje a tu Cerebro. Barcelona: Grupo Zeta.
Swaab, D. (2014). Somos Nuestro Cerebro. Barcelona: Plataforma Editorial.

NEUROCIENCIAS Y CONDUCTA MORAL
AUTOR: Félix Piñerúa Monasterio
DISEÑO Y MONTAJE ELECTRÓNICO: Trinemily Gavidia