lunes, 17 de diciembre de 2012

La Sombra


Jung llamo percepción de la sombra a los aspectos de nuestra personalidad, que por diversas razones hemos preferido no contemplar muy de cerca. Empleó la palabra sombra para esa parte inconsciente de la personalidad porque, en realidad, con frecuencia aparece en los sueños en forma personificada.
La sombra no es el total de la personalidad inconsciente. Representa cualidades y atributos desconocidos o poco conocidos del yo: aspectos que, en su mayoría, pertenece a la esfera personal y que también podrían ser consciente. Por lo que el encuentro consigo mismo significa en primer término el encuentro con la propia sombra. Adicionalmente, en algunos aspectos, la sombra también puede constar de factores colectivos que se  entroncan fuera de la vida personal del individuo.
La sombra no sólo se nos presenta en omisiones. También se muestra con cierta frecuencia en un acto impulsivo o impensado. De manera tal que antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la decisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente. Además, la sombra está expuesta a contagios colectivos en mucha mayor medida que lo que esta la personalidad consciente.
Otras de las formas en que la sombra se nos muestra es a través de los sueños y en los mitos, en el caso de los sueños, aparece como una persona del mismo sexo que el soñante y en el mito aparece como un personaje oscuro, rechazado, pero con mucho poder.
La sombra contiene generalmente valores necesitados por la consciencia, pero que existen en una forma que hace difícil integrarlas en nuestra vida por cuanto, en muchas oportunidades son rechazados socialmente o forman parte de los tabú familiares.
El hecho de que estos valores necesitados por nuestra consciencia se conviertan en nuestro amigo o en nuestro enemigo depende en gran parte de nosotros mismos. La sombra no es siempre, y necesariamente, un contrincante. De hecho, es exactamente igual a cualquier ser humano con el cual tenemos que entendernos, a veces cediendo, a veces resistiendo, a veces mostrando amor, según lo requiera la situación. La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida.
La función de la sombra es representar el lado opuesto del yo e incorporar precisamente esas cualidades que nos desagradan en otras personas y  a veces, todo lo que es desconocido para el yo se mezcla con la sombra, incluso las fuerzas más valiosas y elevadas. De manera que el hecho de que la sombra contenga el opresivo poder del impulso irresistible no quiere decir, sin embargo, que la tendencia tanga que ser siempre heroicamente reprimida. A veces, la sombra es poderosa, porque la incitación del sí mismo señala en la misma dirección y, así, no se puede saber si es el sí-mismo o bien la sombra quien está detrás del impulso interior. En el inconsciente todos los contenidos son borrosos y se funden unos con otros y nunca se puede saber exactamente qué es o dónde está cada cosa o dónde empieza y dónde termina, a esto se le llama contaminación de los contenidos inconscientes.
En la figura de la sombra se encuentran fuerzas valiosas y vitales, que tienen que ser asimiladas a experiencias efectivas y no reprimidas. Corresponde al yo renunciar a su orgullo y fatuidad y vivir conforme a algo que parece oscuro, pero que, en realidad, puede no serlo. 
La sombra tiene naturaleza emocional y cierta autonomía, y son por consiguiente del tipo de la obsesión o, mejor de la posesión. Pues, en efecto, la emoción no es una actividad sino un suceso que a uno le sobreviene. Lo emocional ocurre por regla general en los momentos de mínima adaptación, y pone a la vez de manifiesto la base de esa adaptación disminuida, o sea cierta minusvalía, y la presencia de cierto nivel inferior de la personalidad (Jung, 1986).
La sombra puede, en cierta medida, y con penetración y buena voluntad, ser incorporada a la personalidad consciente, la experiencia enseña que existen sin embargo ciertos rasgos tozudamente resistentes al control moral, sobre los cuales por ende se muestra prácticamente imposible ejercer ningún influjo. Estas resistencias están por lo general ligadas a proyecciones, entendiendo como ejemplo de proyecciones cuando la gente observa sus propias tendencias inconscientes en otras personas, pudiendo identificar nuestra sombra en estas proyecciones.
La sombra es una parte viviente de la personalidad y quiere entonces vivir de alguna forma. No es posible rechazarla ni esquivarla inofensivamente, sin embargo en la dinámica dada entre la sombra y la conciencia a esta última corresponde aparentemente la mayor intensidad afectiva; en todo caso, ella logra, si quiere temporariamente, por medio de un no desdeñable expendio de energía, reprimir a la sombra.  

Referencia
Jung, C. (1981). El Hombre y sus Símbolos. Barcelona: Caralt.
Dr. Felix Piñerúa Monasterio

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